martes, 18 de agosto de 2009

Ὀδυσσεὺς o Ὀλυσσεὺς

Bebe el agua salada. Se introducen las astillas del navío en el pecho que extraña la coraza y el grito infundido desde un ojo del cielo.

Arremetemos, imprudentes, contra lo inevitable.

Lo auxilia, en la deriva concienzuda de su confianza inherente, la espuma y lo arrastra a un puerto donde acicaladas niñas lavan recuerdos.

Henos ahí, impávidos ante el encierro de nuestro cuerpo.

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